ULTRAPROCESADOS Y SALUD: LO QUE REVELA THE LANCET

Ultraprocesados y salud: lo que revela The Lancet y cómo influyen en nuestros patrones alimentarios.

Los ultraprocesados y la salud son temas que generan cada vez más interés. La reciente serie publicada en The Lancet aporta una visión detallada del impacto de estos productos en el organismo. Sin embargo, para comprender plenamente por qué comemos como comemos, también debemos considerar factores psicológicos, culturales y emocionales que influyen en nuestras elecciones diarias.

En este artículo encontrarás un análisis basado en evidencia, explicado de forma clara, con una mirada integrativa que ayuda a entender por qué estos productos están tan presentes en nuestra vida cotidiana.

Qué son los ultraprocesados según la evidencia actual

Los ultraprocesados son productos industriales elaborados sobre todo a partir de sustancias refinadas (harinas, azúcares, grasas, proteínas aisladas) y aditivos, de forma que apenas se parecen al alimento original y no podrían reproducirse en una cocina doméstica.

La clasificación NOVA los describe como productos que contienen ingredientes industriales que no se encuentran en una cocina de casa. Suelen llevar emulsionantes, colorantes, jarabes, proteínas aisladas o saborizantes.

Las revisiones de The Lancet analizan más de un centenar de estudios observacionales y de intervención, y concluyen que el consumo elevado de ultraprocesados se asocia de forma consistente con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 y mortalidad prematura.

A partir de esta evidencia, la serie señala que estos productos:

  • reducen la saciedad,
  • aumentan la velocidad de ingestión,
  • favorecen un patrón de consumo impulsivo,
  • alteran la microbiota,
  • y se asocian a mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad, ciertos tipos de cáncer y alteraciones del estado de ánimo.

Qué aporta The Lancet al debate sobre ultraprocesados y salud

La revisión destaca dos elementos clave para entender su impacto.

  •  Más allá de la energía que aportan

Los ultraprocesados afectan a los mecanismos de hambre y saciedad. Su textura, su composición y su alta palatabilidad favorecen una alimentación más rápida y mayor ingesta, incluso sin hambre real.

Uno de los hallazgos más relevantes de la serie es que estos efectos no se explican únicamente por un exceso de calorías, sino por la propia formulación del producto, sus aditivos y el impacto que tienen sobre la saciedad y la respuesta fisiológica del organismo. Según The Lancet, incluso ajustando por calorías y por calidad global de la dieta, el consumo elevado de ultraprocesados sigue asociándose a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y metabolicidad alterada.

El entorno alimentario condiciona la elección

El consumo elevado no depende únicamente de decisiones individuales. Factores como el estrés, la falta de tiempo, la disponibilidad constante y el cansancio influyen en que estos productos se conviertan en opciones frecuentes.

Por eso, las recomendaciones no deben centrarse solo en “comer mejor”, sino también en cómo es el contexto en el que comemos.

Cultura de dieta, patrones alimentarios y ultraprocesados

La cultura de dieta ha generado durante décadas una relación complicada con la comida. Las normas rígidas —“esto sí, esto no”— pueden llevar a ciclos de restricción y descontrol, y a comer desde la culpa o desde la desconexión corporal.

En este contexto, los ultraprocesados funcionan como respuesta rápida:

  • requieren poca preparación,

  • proporcionan un estímulo inmediato,

  • alivian momentáneamente el estrés,

  • y se consumen sin necesidad de parar a pensar.

Por eso, a veces las elecciones alimentarias no se explican por falta de conocimiento, sino por un patrón emocional o cognitivo que se activa en situaciones de cansancio o tensión.

Un enfoque realista para mejorar la alimentación

La evidencia científica y la práctica clínica coinciden en que los cambios más eficaces son los que se integran sin rigidez y sin perfeccionismo.

✔ Priorizar alimentos frescos cuando sea posible

Sin buscar hacerlo perfecto, solo aumentando progresivamente su presencia.

✔ Favorecer comidas saciantes

Combinando proteínas, vegetales, grasas saludables y carbohidratos de calidad.

✔ Evitar el “todo o nada”

La rigidez aumenta la probabilidad de descontrol alimentario posterior.

✔ Reconectar con las señales internas

Escuchar el hambre real, la saciedad y el ritmo propio reduce la impulsividad.

✔ Tener en cuenta el estado emocional

El vínculo entre ultraprocesados y salud mejora cuando se atienden también factores como el descanso, el estrés y la autoexigencia.

Conclusión

La serie de The Lancet confirma el impacto de los ultraprocesados en la salud, pero la experiencia clínica muestra que nuestras decisiones no dependen solo de la nutrición. El contexto emocional, la cultura de dieta y el entorno actual influyen tanto como los nutrientes.

Un enfoque que combine evidencia científica, autoconciencia y flexibilidad ayuda a avanzar hacia una relación más equilibrada con la comida, realista y adaptada al ritmo de vida actual.

Cuando combinamos lo que dice la ciencia con una mirada más consciente hacia nuestro día a día, empezamos a tomar decisiones más serenas y ajustadas a nuestras necesidades reales.

Si te interesa seguir explorando esta conexión, aquí tienes otro artículo que te puede ayudar: https://www.cfnutricion.es/emociones-y-comida/

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