Por qué las dietas típicas no funcionan y qué hacer en su lugar
Enero es un mes particularmente agitado en mi consulta. Muchas personas llegan con un objetivo claro: perder peso. Algunas incluso traen consigo la esperanza de que esta vez, la dieta será diferente. Sin embargo, ¿qué sucede en realidad? ¿Por qué tantas personas fracasan en sus intentos de bajar de peso y, peor aún, terminan sintiéndose peor que antes?
El problema de las dietas típicas
Las dietas basadas en la restricción calórica y reglas estrictas prometen resultados rápidos. Sin embargo, investigaciones muestran que, a largo plazo, estas estrategias no solo son ineficaces, sino también perjudiciales.
- Un estudio publicado en The Journal of the American Dietetic Association (2003) encontró que las dietas repetitivas y la obsesión por el peso pueden disminuir la autoestima y fomentar trastornos alimentarios.
- Tylka et al. (2014) señalaron que las dietas incrementan el riesgo de trastornos alimentarios, perpetúan el estigma de peso y generan una relación conflictiva con la comida.
Además, el llamado «efecto rebote», ampliamente documentado, agrava el problema. Según The American Journal of Clinical Nutrition, las personas que experimentan ciclos de pérdida y ganancia de peso tienen un mayor riesgo de depresión y ansiedad, reforzando una sensación de fracaso y frustración.
La cultura de la dieta y su impacto psicológico
La cultura de la dieta nos empuja a buscar ideales corporales poco realistas, afectando profundamente la autoestima. Una revisión sistemática en Clinical Psychology Review (2016) concluyó que las dietas restrictivas aumentan la insatisfacción corporal, lo que lleva a una autoestima más baja.
Este impacto es especialmente perjudicial en adolescentes y mujeres jóvenes, quienes, según un estudio longitudinal de The Lancet Child & Adolescent Health (2019), tienen un mayor riesgo de desarrollar trastornos de la alimentación y una relación dañina con su cuerpo.
¿Qué hacer en su lugar?
En lugar de seguir dietas restrictivas, el enfoque debe estar en cambios sostenibles y respetuosos con el cuerpo:
- Conexión con el cuerpo: Aprender a escuchar las señales de hambre y saciedad para tomar decisiones alimentarias desde el respeto y no desde la culpa.
- Mentalidad y emociones: Identificar creencias limitantes sobre la comida y trabajar en la gestión de emociones que a menudo desencadenan patrones de alimentación descontrolada.
- Educación nutricional: Adoptar una perspectiva que fomente el equilibrio en lugar de la perfección.
Un enfoque basado en la conexión cuerpo-mente, como han señalado estudios en The Lancet Psychiatry, mejora el bienestar emocional y promueve cambios duraderos.
Conclusión
Las dietas no son la solución; son parte del problema. Si has sentido frustración tras intentos fallidos, no es porque tú hayas fallado. Es porque el sistema de las dietas está diseñado para no funcionar a largo plazo.
Es momento de dejar atrás la mentalidad de dieta y abrazar una filosofía más sostenible y compasiva con tu cuerpo. No se trata solo de perder peso, sino de ganar salud, autoestima y, sobre todo, libertad.

